Elena tiene 38 años y desde hace meses cena sola en la cocina, diez minutos antes que sus hijas. Dice que no aguanta el ruido que hace la pequeña al masticar: la boca abierta, el chasquido de la lengua, el tenedor contra el plato. Cuando lo oye siente un calor que le sube por el cuello y unas ganas de gritar que la asustan, y después llega la culpa, porque es su hija. En la oficina lleva unos auriculares sin música para no oír al compañero que hace clic con el bolígrafo. Recuerda que con 12 años ya se levantaba de la mesa cuando su padre sorbía la sopa. Lo que le pasa tiene nombre, misofonía, y se puede trabajar en terapia.
Esta guía está pensada para psicólogas y psicólogos que se encuentran la misofonía en consulta, muchas veces detrás de otro motivo («discuto mucho con mi pareja», «tengo mal carácter»), y también para pacientes y familias que buscan información fiable. Repasa qué es, cómo se reconoce, con qué se confunde, cómo se evalúa y qué sabemos hoy sobre su tratamiento.
Qué es la misofonía
La misofonía es una tolerancia reducida a sonidos concretos, o a estímulos asociados a esos sonidos, que provocan en la persona una reacción emocional, física y de conducta mucho más intensa que en el resto de la gente. El término lo propusieron Pawel y Margaret Jastreboff a principios de los años 2000 y, durante casi veinte años, cada grupo de investigación lo definió a su manera.
En 2022 un comité de quince investigadores y clínicos de distintas disciplinas publicó una definición de consenso de la misofonía, elaborada con el método Delphi a partir de la literatura publicada. Según esa definición, los estímulos que la disparan (los «desencadenantes» o triggers) resultan desagradables o angustiosos, suelen ser repetitivos y en su mayoría los produce otra persona, sobre todo con el cuerpo. Una vez que la persona detecta el sonido le cuesta mucho apartar la atención de él.
La misofonía todavía no figura como diagnóstico propio en el DSM-5-TR ni en la CIE-11. El Centro de Misofonía y Regulación Emocional de la Universidad de Duke informa de que un grupo de pacientes, familias, científicos y clínicos ha propuesto añadirla a la CIE-11 como código diagnóstico nuevo. Mientras tanto, en consulta se trabaja con la definición de consenso y con escalas específicas.
Síntomas de la misofonía
Los síntomas tienen dos partes: qué sonidos la disparan y qué le pasa a la persona cuando los oye. La gravedad va de leve a muy limitante, y hay quien se da cuenta de que su reacción es desproporcionada y quien no.
Los sonidos que desencadenan la misofonía
Cada persona tiene su propia lista, pero algunos se repiten mucho. Según la definición de consenso, los más frecuentes son:
- Sonidos de la boca: masticar, comer, chasquear los labios, sorber, toser, carraspear o tragar.
- Sonidos de la nariz: respirar fuerte o sorber por la nariz.
- Otros sonidos de personas: hacer clic con un bolígrafo, teclear, tamborilear con los dedos o con el pie, arrastrar los pies al andar.
- Objetos y animales: el tictac de un reloj o algunos sonidos de animales.
- Desencadenantes visuales: ver a alguien crujirse los nudillos, mover la pierna sin parar o comer, aunque no se oiga.
La intensidad de la reacción cambia según el contexto, el control que la persona siente que tiene sobre el sonido y quién lo produce. Muchos pacientes cuentan que con un desconocido en el autobús lo llevan mal, pero que con su madre, su pareja o sus hijos es mucho peor. La mesa familiar suele ser el primer escenario del problema.
Qué siente una persona con misofonía
Las emociones más habituales son la ira, la irritación, el asco y la ansiedad, y hay personas que llegan a sentir rabia. El cuerpo se activa: tensión muscular, el corazón que se acelera, sudor. Aparecen también conductas para quitarse el sonido de encima:
- Evitar o huir de las situaciones donde aparece el desencadenante: comer antes que los demás, salir de clase, cambiar de vagón.
- Pedir a la otra persona que pare, a veces de malas maneras.
- Imitar o repetir el sonido, una conducta que sorprende a las familias y que la definición de consenso recoge expresamente.
- Agitación o agresividad dirigida a quien hace el ruido. Los estallidos verbales o físicos son raros y se ven más en niños que en adultos.
La consecuencia es un desgaste que va más allá del momento: problemas de concentración en el trabajo o en los estudios, discusiones en casa y, en los casos graves, aislamiento social. Muchas personas describen, como Elena, culpa por sentir eso hacia alguien a quien quieren.
A qué edad empieza la misofonía
Los síntomas suelen aparecer por primera vez en la infancia o al principio de la adolescencia. En el estudio de Schröder, Vulink y Denys (2013) con 42 pacientes neerlandeses, la edad media de inicio fue de 13 años, con casos que empezaron entre los 2 y los 38. En todos ellos los desencadenantes eran sonidos producidos por personas, y los sonidos que hacían ellos mismos no les molestaban.
Misofonía, hiperacusia y otros trastornos
La misofonía puede darse con una audición normal o con una pérdida auditiva, y puede aparecer sola o junto a acúfenos (tinnitus) o hiperacusia. Conviene distinguirla bien:
- Hiperacusia. Los sonidos se viven como demasiado fuertes o dolorosos por su volumen. En la misofonía lo que molesta es un sonido concreto aunque sea suave.
- Trastorno obsesivo-compulsivo. La atención pegada al sonido y las conductas de evitación pueden recordar al TOC, pero en la misofonía no hay obsesiones ni rituales para neutralizarlas. Si dudas, en el artículo sobre el tratamiento del TOC tienes los criterios.
- Trastornos de ansiedad, del estado de ánimo, de la personalidad, TEPT, trastorno del espectro autista y TDAH. La definición de consenso los cita como trastornos que pueden coexistir con la misofonía. La sensibilidad sensorial del autismo, por ejemplo, puede afectar a muchos tipos de estímulos (luces, texturas, ruidos en general) y no solo a sonidos de personas.
La regla práctica es la misma que en otros cuadros: los síntomas de misofonía no deben explicarse mejor por otro trastorno que la persona ya tenga. Y si hay acúfenos, molestias con el volumen o dudas sobre la audición, merece la pena derivar a otorrinolaringología o a audiología antes de empezar.
Cómo se evalúa la misofonía en consulta
No hay una prueba médica que la detecte. La evaluación es clínica y se apoya en la entrevista, en escalas y en un registro de lo que pasa entre sesiones.
La entrevista
Hay que preguntar por cada sonido desencadenante, quién lo produce y en qué sitios, desde cuándo pasa, qué siente la persona en el cuerpo y qué hace después. También por lo que ha dejado de hacer: comidas familiares, clases, trabajo en una oficina compartida, viajes en transporte público. Pregunta también por la relación con las personas que generan los sonidos: la misofonía suele dañar justo las relaciones más cercanas.
Escalas para medir la misofonía
La más usada es la Amsterdam Misophonia Scale (A-MISO-S), que el grupo de Ámsterdam adaptó en 2013 a partir de la Y-BOCS del TOC. Tiene seis preguntas: el tiempo que ocupa la misofonía, cuánto interfiere en la vida social, el nivel de ira, la resistencia al impulso, el control sobre los pensamientos y la ira, y el tiempo dedicado a evitar situaciones. La puntuación va de 0 a 24: de 0 a 4, síntomas subclínicos; de 5 a 9, leve; de 10 a 14, moderada; de 15 a 19, grave, y de 20 a 24, extrema. Existe una versión revisada, la AMISOS-R, que es la que se usó en el primer ensayo clínico de tratamiento.
El autorregistro de desencadenantes
Durante dos o tres semanas el paciente apunta cada episodio: sonido, persona, lugar, intensidad del malestar de 0 a 10 y qué hizo. Elena descubrió que de lunes a viernes el problema se concentraba en dos momentos, la cena y las reuniones con un compañero concreto, y que los fines de semana, comiendo fuera de casa, apenas tenía episodios.
Tratamiento psicológico de la misofonía
La investigación sobre el tratamiento de la misofonía es reciente y todavía hay pocos tratamientos con respaldo empírico sólido. La propia definición de consenso reconoce que, mientras cada grupo usaba criterios distintos, no se podía comparar bien la eficacia de los tratamientos. Aun así, ya hay datos.
El primer ensayo clínico aleatorizado de terapia cognitivo-conductual para la misofonía (Jager y colaboradores, publicado en diciembre de 2020 en Depression and Anxiety) incluyó a 54 pacientes. Unos hicieron tres meses de terapia cognitivo-conductual en grupo y otros quedaron en lista de espera. Los síntomas medidos con la AMISOS-R bajaron de forma significativa en el grupo de terapia; el 37 % mejoró de forma clínicamente apreciable, frente al 0 % en lista de espera, y el efecto se mantenía al cabo de un año. El mismo equipo ya había probado el tratamiento antes en un estudio abierto con 90 pacientes, en el que mejoró el 48 % tras ocho sesiones.
Técnicas de terapia cognitivo-conductual para la misofonía
El protocolo de ese ensayo, de ocho sesiones, combinaba psicoterapia y terapia psicomotriz y tenía cuatro componentes. Sus nombres dan una idea bastante clara de cómo trabajar la misofonía también en terapia individual:
- Ejercicios de concentración en la tarea. Entrenar la atención para volver a lo que se está haciendo cuando aparece el sonido, en lugar de quedarse enganchada a él.
- Reducción de la activación. Relajación y otras técnicas para bajar la tensión física que dispara el sonido antes de que se convierta en ira.
- Etiquetado de afecto positivo, para que el sonido y la persona que lo produce no queden unidos solo al malestar.
- Manipulación del estímulo, para que el paciente gane sensación de control sobre el desencadenante, uno de los factores que más influyen en la intensidad de la reacción según la definición de consenso.
El protocolo añadía dos elementos más: revisar las normas que el paciente tiene sobre cómo se debe comer y reducir el estrés. A esto se suma el trabajo con la emoción principal, que suele ser la ira; en el artículo sobre manejo de la ira tienes técnicas que encajan bien aquí. Los tapones y los auriculares con cancelación de ruido alivian a corto plazo, pero si se usan para todo pueden mantener la evitación; mejor pactar con el paciente cuándo usarlos y cuándo no.
La misofonía en la familia y en la pareja
Como los sonidos que más molestan suelen ser los de las personas más cercanas, la familia o la pareja casi siempre acaban dentro del tratamiento. En el ensayo de Ámsterdam, familiares y amigos acudían a una sesión de psicoeducación y a otra para practicar juntos las técnicas. Algunas pautas que ayudan en casa:
- Explicar qué es la misofonía en una sesión conjunta. Saber que tiene nombre y que no es un capricho baja mucho la tensión en casa.
- Pactar cambios concretos y temporales, como poner música suave en las cenas o comer juntos al principio solo algunos días, en vez de reglas que nadie cumple.
- No burlarse ni hacer el sonido a propósito para «acostumbrarla». La exposición se gradúa en terapia, no por sorpresa.
- Acordar una forma tranquila de pedir un cambio («¿puedes masticar con la boca cerrada?») y una salida digna cuando la persona necesita levantarse de la mesa.
Elena hizo dos sesiones con su pareja y una con sus hijas. Pactaron cenar juntos tres noches por semana con la radio encendida e ir ampliando poco a poco.
Misofonía en niños y adolescentes
Como suele empezar en la infancia o al principio de la adolescencia, muchos casos llegan a consulta a través de los padres, que describen enfados «sin motivo» en la mesa o en clase. En niños son más frecuentes los estallidos verbales o físicos, así que hay que trabajar con los padres desde el principio y, si hace falta, coordinarse con el colegio, por ejemplo para pactar un sitio en clase lejos de un compañero que tamborilea con el lápiz.
Cómo documentar el seguimiento de la misofonía
El paciente suele medir su progreso por el último episodio, que puede haber sido malo aunque el conjunto haya mejorado. Por eso conviene dejar por escrito:
- La puntuación de la A-MISO-S al inicio y en cada revisión, con su fecha.
- La lista de desencadenantes ordenada por malestar y en qué punto de la exposición está el paciente.
- El resumen semanal del autorregistro: número de episodios, intensidad media, situaciones evitadas.
- Los objetivos funcionales («cenar con la familia tres noches por semana», «volver a la oficina compartida»).
- Lo acordado con la familia, la pareja o el colegio, y si hay derivación a audiología, el resultado.
Revisar estos datos con el paciente cada pocas semanas le enseña la mejoría que no ve en el día a día.
La misofonía en tu consulta con My Psico Agenda
My Psico Agenda no evalúa ni trata a nadie: eso lo haces tú. Lo que hace es ordenar todo lo que rodea a un tratamiento como este:
- La historia clínica, sesión a sesión. En las notas privadas de cada sesión apuntas la puntuación de la A-MISO-S, el punto de la exposición y lo pactado en casa, y ves la evolución sin rebuscar entre papeles.
- Tus propios campos en la ficha. En «Datos adicionales» añades los campos que necesites, como «Sonidos desencadenantes», «A-MISO-S inicial» o «Derivación a audiología». Si trabajas en un centro, el centro puede añadir además sus «Campos del centro», comunes a las fichas de todas sus terapeutas.
- El autorregistro, en manos del paciente. Subes la plantilla a «Archivos del paciente». Se sube como «Oculto»; cuando la pasas a «Visible», el paciente la encuentra en su espacio, en la pestaña «Documentos», y en la ficha ves «Visto» con la fecha en que la abrió.
- Las sesiones con la pareja. Si trabajas con los dos, la opción «¿Terapia de pareja?» crea una ficha de las dos personas, cada una con su nombre, y el consentimiento lo firman las dos.
- La ficha del menor, con sus tutores. La opción «¿Paciente menor?» guarda al «Tutor 1» y, si lo hay, al «Tutor 2», y el consentimiento informado lo pueden firmar los tutores con su propio enlace o en tu dispositivo.
- Los datos, antes de la primera sesión. Con «Enviar formulario al paciente» le mandas un enlace para que rellene sus datos desde el móvil y, si lo activas, firme el consentimiento en esa misma página.
- Una hora fija cada semana. Con la «Terapia recurrente» reservas el hueco del paciente, y le llega un recordatorio por WhatsApp 24 horas antes con botones para confirmar o anular la cita.
- La constancia, en números. En las estadísticas de cada paciente ves «Total sesiones», «Asistencia» y «Cadencia», útiles cuando empiezas a espaciar las sesiones al final del tratamiento.
Hay planes para terapeutas desde 4,99 €/mes + IVA y para centros desde 99,99 €/mes + IVA, y puedes probarla 1 mes gratis, sin tarjeta y sin permanencia. En nuestra página de software para psicólogos tienes todo lo que incluye.
Preguntas frecuentes
Las dudas que más se repiten sobre la misofonía, en consulta y fuera de ella.
¿Qué es la misofonía?
Es una tolerancia reducida a sonidos concretos, como masticar, respirar o hacer clic con un bolígrafo, que provocan en la persona una reacción de ira, irritación, asco o ansiedad mucho más intensa que en la mayoría de la gente. Lo que la dispara no es el volumen, sino el tipo de sonido y lo que significa para ella. Suele empezar en la infancia o al principio de la adolescencia.
¿La misofonía es un trastorno mental?
Todavía no aparece como diagnóstico propio en el DSM-5-TR ni en la CIE-11, aunque se ha propuesto incluirla en la CIE-11. Existe una definición de consenso publicada en 2022 por un comité internacional de especialistas, y puede causar un malestar y unos problemas en la vida diaria tan importantes como los de otros trastornos.
¿Qué sonidos molestan más a las personas con misofonía?
Los de la boca, como masticar, sorber, chasquear los labios, toser, carraspear o tragar, y los de la nariz, como respirar fuerte. También son frecuentes el clic de un bolígrafo, teclear, tamborilear con los dedos o los pasos arrastrados, y hay desencadenantes visuales, como ver a alguien mover la pierna o comer.
¿La misofonía tiene cura?
Tiene tratamiento. En el primer ensayo clínico aleatorizado, tres meses de terapia cognitivo-conductual en grupo redujeron los síntomas de forma significativa, el 37 % de los pacientes mejoró de forma clínicamente apreciable frente al 0 % en lista de espera, y el efecto se mantenía al año. La investigación es reciente, así que el tratamiento se adapta a cada caso.
¿Qué diferencia hay entre misofonía e hiperacusia?
En la hiperacusia los sonidos molestan o duelen por su volumen. En la misofonía molesta un sonido concreto aunque sea suave, como alguien masticando, y la reacción principal es emocional: ira, irritación o asco. Las dos pueden darse a la vez, y en ese caso conviene que la persona la valore también un especialista en audiología.
¿Sirven los tapones o los auriculares con cancelación de ruido?
Alivian a corto plazo y pueden ser útiles en momentos concretos, como un examen o un viaje. Pero si se usan en todas las situaciones mantienen la evitación y el problema no mejora. Lo recomendable es pactar con la terapeuta cuándo usarlos mientras se trabaja la misofonía en terapia.
¿Cómo puedo ayudar a un familiar con misofonía?
Tomándotelo en serio, sin burlarte y sin hacer el sonido a propósito para que se acostumbre. Ayuda pactar cambios concretos, como poner música suave en las comidas, acordar una forma tranquila de pedir que se cambie un sonido y animar a la persona a consultar con un psicólogo o una psicóloga.
¿A qué edad aparece la misofonía?
Suele empezar en la infancia o al principio de la adolescencia. En un estudio con 42 pacientes la edad media de inicio fue de 13 años, aunque hubo casos que empezaron mucho antes y otros ya en la edad adulta.
My Psico Agenda