La primera vez que te sientas delante de alguien que pide ayuda no tienes un test ni un informe: tienes una conversación. Esa conversación es la entrevista clínica, y sigue siendo la herramienta más antigua y más usada de la psicología. Antes de cualquier cuestionario y antes de cualquier diagnóstico, hay una persona contando lo que le pasa y un profesional escuchando de una manera muy concreta. De cómo se lleve ese rato depende buena parte de lo que venga después: la relación, las hipótesis y el plan de trabajo.

Esta guía repasa qué es la entrevista clínica, qué tipos hay, cómo se estructura y qué técnicas la sostienen. Va para psicólogos y psicólogas que quieren afinar algo que hacen cada día, a veces de forma tan automática que se olvida lo mucho que se juega en esos primeros minutos.

Qué es la entrevista clínica

La entrevista clínica es el encuentro, casi siempre verbal, en el que el profesional recoge información sobre la persona que consulta para entender su problema, formular hipótesis y orientar la intervención. No es un interrogatorio ni una charla de café: se mueve en un terreno intermedio, con un objetivo claro pero un formato flexible. El APA Dictionary of Psychology la describe como una conversación con un propósito, dirigida a evaluar, diagnosticar o planificar el tratamiento.

Lo que la separa de una conversación cualquiera es la intención y una cierta asimetría. Diriges sin dirigir del todo; preguntas, pero sobre todo escuchas; atiendes al contenido y también a la forma: el tono, los silencios, lo que se rodea sin nombrar. Por eso la entrevista clínica en psicología es a la vez el instrumento de evaluación más completo del que dispones y el primer ladrillo de la alianza terapéutica. Cuando hace falta afinar, se apoya en pruebas estandarizadas, como los tests psicométricos, pero el grueso de la información sigue saliendo de aquí.

Tipos de entrevista clínica

No todas las entrevistas se parecen. Conviene ordenarlas por dos criterios: cuánto marca el guion y en qué momento del proceso se hacen.

Por su grado de estructura:

  • Entrevista clínica estructurada. Sigue un guion cerrado, con las mismas preguntas y en el mismo orden, como las entrevistas diagnósticas estandarizadas. Gana en fiabilidad y permite comparar casos, a cambio de dejar poco sitio a lo que surge sobre la marcha.
  • Entrevista semiestructurada. Parte de un guion de temas, pero te deja reordenar, profundizar o saltarte lo que no aplica. Es la que más se usa en consulta porque junta cobertura y libertad.
  • Entrevista libre o no estructurada. Sin guion previo; la conversación va donde la lleva la persona. Aporta matices que un guion no captaría, con el riesgo de que algo importante quede sin preguntar.

Por su momento y su función se habla de la primera entrevista o de acogida, donde se recoge el motivo de consulta; la de evaluación, centrada en precisar el problema; la de devolución, en la que compartes tu formulación; y las de seguimiento, que acompañan el tratamiento. En una consulta real casi nunca eliges un tipo puro: sueles arrancar con una entrevista clínica semiestructurada en la acogida e ir soltando el guion a medida que crece la confianza.

Las fases de una entrevista clínica

Cada encuentro es distinto, pero casi todos siguen el mismo arco. Tenerlo en la cabeza te ordena sin volverte rígido.

  • Apertura. Los primeros minutos son de acogida, no de datos. Te presentas, explicas el encuadre —cuánto dura, qué es confidencial, cómo trabajas— y dejas que la persona respire. Aquí se juega el rapport, y sin rapport lo demás se resiente.
  • Desarrollo. El cuerpo de la entrevista clínica: exploras el motivo de consulta, la historia del problema, los antecedentes, la situación vital y los recursos con los que cuenta. Se avanza de lo general a lo concreto, de preguntas abiertas a otras más precisas.
  • Cierre. Recapitulas lo hablado, aclaras dudas, acuerdas el siguiente paso y te despides con cuidado. Un cierre con prisas deja a la persona con la sensación de que no la han entendido, aunque la sesión haya ido bien.

Dentro del desarrollo, muchos profesionales incluyen una exploración del estado mental: cómo está la persona en el aquí y ahora, desde el aspecto y el ánimo hasta el pensamiento y la atención. La guía sobre la exploración del estado mental de StatPearls sirve de mapa para saber en qué fijarte mientras conversas, sin que la observación se note.

Técnicas para conducir la entrevista clínica

La diferencia entre una entrevista que abre puertas y otra que las cierra está en el cómo. Estas son las técnicas que más rinden:

  • Escucha activa. Estar de verdad, en lugar de ir pensando ya la siguiente pregunta. Se nota en la mirada, en los pequeños asentimientos y en que retomas lo que la persona acaba de decir.
  • Preguntas abiertas antes que cerradas. "¿Qué te trae por aquí?" abre; "¿Duermes mal?" cierra. Empieza abriendo y reserva las cerradas para precisar un dato concreto.
  • Reflejo y paráfrasis. Devolver con tus palabras lo que has entendido ("Entonces es al llegar a casa cuando peor lo pasas") confirma que escuchas y ayuda a la persona a oírse.
  • Silencios. Un silencio bien sostenido invita a seguir. Llenarlo por incomodidad corta justo cuando algo estaba a punto de salir.
  • Señalamiento y clarificación. Nombrar con tacto una contradicción o una emoción que asoma, sin interpretar de más ni adelantarte.
  • Resumen. Cada tanto, ordenar en voz alta lo hablado. Da estructura a la sesión y te regala unos segundos para pensar.

Ninguna de estas técnicas es un truco de manual. Son formas de estar que se afinan con los años y con la supervisión. El Consejo General de la Psicología recuerda, además, que toda entrevista clínica se sostiene sobre el consentimiento informado y la confidencialidad, que forman parte del encuadre desde el primer minuto y no de un trámite del final.

Errores frecuentes en la entrevista clínica

Algunos tropiezos se repiten, sobre todo al principio de la carrera:

  • Preguntar como quien rellena un formulario, sin dejar sitio a lo que la persona necesita contar a su manera.
  • Interpretar demasiado pronto, cuando todavía no tienes información suficiente para sostener la hipótesis.
  • Tomar notas sin levantar la vista, hasta convertir el encuentro en un dictado.
  • Inducir la respuesta con la propia pregunta ("No descansarás bien, ¿verdad?").
  • Comerte el cierre por falta de tiempo y despedir a la persona con la sensación de haberse quedado a medias.

Casi todos se corrigen con una idea sencilla: la entrevista clínica es de quien consulta, no del guion. El guion está para ayudarte a ti; no debería estorbarle a la otra persona.

De la entrevista a la historia clínica

Todo lo que recoges en la entrevista no sirve de mucho si se pierde por el camino. En cuanto termina, esa información tiene que quedar ordenada, protegida y a mano para la próxima sesión. Aquí es donde la parte clínica se cruza con la administrativa: el motivo de consulta, los antecedentes y las primeras hipótesis pasan a la historia clínica, y las observaciones de cada encuentro se recogen como notas de sesión.

Hacerlo bien tiene dos caras. Una es clínica: escribir de manera que tu yo de dentro de tres meses entienda lo que pensabas hoy. La otra es legal y organizativa, porque los datos de una entrevista clínica son de categoría especial —de los más sensibles que existen— y exigen cifrado, acceso restringido y cumplimiento del RGPD. Como la primera entrevista suele coincidir con la llegada de la persona a la consulta, encaja de forma natural con el onboarding del paciente nuevo: consentimiento, datos de contacto y primera cita en un mismo flujo, sin papeles sueltos.

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Preguntas frecuentes sobre la entrevista clínica

Las dudas que más se repiten sobre la entrevista clínica en la práctica del día a día.

¿Qué es una entrevista clínica en psicología?

Es el encuentro, casi siempre verbal, en el que el profesional recoge información de la persona que consulta para entender su problema, formular hipótesis y orientar la intervención. No es un interrogatorio ni una charla informal: es una conversación con un propósito, con objetivo claro pero formato flexible. Además de recoger datos, es el primer ladrillo de la alianza terapéutica, porque la persona decide en esos minutos si va a confiar o no.

¿Qué tipos de entrevista clínica existen?

Por su grado de estructura hay tres: estructurada (guion cerrado en orden fijo), semiestructurada (guion de temas con libertad para reordenar y profundizar) y libre o no estructurada (sin guion previo). Por su momento y función se habla de primera entrevista o de acogida, de evaluación, de devolución y de seguimiento. En la práctica se combinan: se suele empezar semiestructurado y soltar el guion a medida que crece la confianza.

¿Cuáles son las fases de una entrevista clínica?

Tres. La apertura, donde te presentas, explicas el encuadre (duración, confidencialidad, forma de trabajar) y cuidas el rapport. El desarrollo, donde exploras el motivo de consulta, la historia del problema y la situación de la persona, pasando de preguntas abiertas a otras más concretas. Y el cierre, donde recapitulas, resuelves dudas y acuerdas el siguiente paso.

¿Qué diferencia hay entre entrevista clínica estructurada y semiestructurada?

La estructurada sigue un guion cerrado, con las mismas preguntas y en el mismo orden; gana en fiabilidad y permite comparar, pero deja poco margen para lo que surge. La semiestructurada parte de un guion de temas que puedes reordenar, ampliar o saltar según el caso; cubre lo importante sin encorsetar la conversación, y por eso es la más usada en la consulta del día a día.

¿Cómo se registra una entrevista clínica?

En cuanto termina, la información pasa a la historia clínica y las observaciones de cada encuentro, a las notas de sesión. Conviene escribir de forma que dentro de unos meses se entienda lo que pensabas hoy, y guardarlo todo protegido y accesible, no repartido entre cuadernos y archivos sueltos. Los datos de una entrevista son de categoría especial, así que deben tratarse conforme al RGPD, con acceso restringido y cifrado.

¿Cuánto dura una primera entrevista clínica?

Lo habitual es entre 45 y 60 minutos, aunque a veces hacen falta dos encuentros para completar la acogida. Más que el reloj, manda el objetivo: recoger el motivo de consulta, la historia relevante y una primera impresión sin atropellar a la persona. Reservar unos minutos al final para el cierre evita terminar con prisas justo cuando ha salido lo importante.

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