Andrés se mudó a Zaragoza hace diez semanas por un ascenso que llevaba años esperando. Tiene 34 años, mejor sueldo y un piso con más luz que el anterior. También tiene cajas sin abrir en el pasillo, se despierta todas las noches a las cuatro y el martes pasado tuvo que salir de una reunión porque le faltaba el aire. «Debería estar contento», dice en la primera sesión, casi disculpándose. Nunca ha tenido un problema de salud mental. Lo que cuenta encaja con un trastorno de adaptación, uno de los diagnósticos más frecuentes en las consultas de salud mental y, a la vez, uno de los que más se usan como cajón de sastre.

Esta guía está pensada para psicólogas y psicólogos que ven casos así cada semana. Repasa qué es el trastorno de adaptación (también llamado trastorno adaptativo) según el DSM-5-TR y la CIE-11, cómo se presenta, con qué se confunde, cómo se evalúa, qué tratamiento psicológico tiene respaldo, cuánto suele durar y qué conviene dejar escrito en la historia clínica para no perder de vista los plazos que marcan el diagnóstico.

Qué es el trastorno de adaptación

El trastorno de adaptación es una reacción emocional o de conducta ante un estresante identificable que resulta desproporcionada para lo que cabría esperar en ese contexto, o que deteriora de forma clara la vida de la persona en el trabajo, en casa o con los demás. El nombre lo resume bastante bien: hay un cambio concreto al que adaptarse y la adaptación no está saliendo.

El DSM-5 lo trasladó en 2013 al capítulo de trastornos relacionados con traumas y factores de estrés, junto al TEPT y al trastorno de estrés agudo, y el DSM-5-TR (2022) lo mantiene ahí. El Manual MSD para profesionales explica el motivo: durante años el término se usó para cualquier cuadro inespecífico y más o menos leve, y colocarlo en ese capítulo subraya que los síntomas tienen que ser una respuesta a un estresante. Fuera de la consulta se le llama a veces depresión situacional o síndrome de respuesta al estrés, los nombres alternativos que recoge MedlinePlus.

Es un diagnóstico muy frecuente. Según el mismo manual, aparece en entre el 5 % y el 20 % de las personas que acuden a consultas ambulatorias de salud mental, y las estimaciones en población general van del 1 % al 17 %. La horquilla es tan amplia porque cada estudio usa criterios distintos. Que sea común, y que muchas veces se resuelva en unos meses, no lo convierte en un problema menor: se asocia a un malestar y una discapacidad importantes y a un riesgo de conducta suicida mayor de lo que se suele pensar.

Criterios diagnósticos del trastorno de adaptación (DSM-5-TR y CIE-11)

Los cinco criterios del DSM-5-TR

El DSM-5-TR pide que se cumplan estas condiciones:

  • A. Aparecen síntomas emocionales o de conducta como respuesta a uno o varios estresantes identificables, dentro de los tres meses siguientes a su inicio.
  • B. Los síntomas son clínicamente significativos: hay un malestar intenso, desproporcionado respecto a la gravedad del estresante (teniendo en cuenta el contexto y los factores culturales), un deterioro importante en el funcionamiento social, laboral o de otras áreas, o las dos cosas.
  • C. El cuadro no cumple los criterios de otro trastorno mental y no es solo el empeoramiento de un trastorno que ya existía.
  • D. Los síntomas no corresponden a un duelo normal ni se explican mejor por un trastorno de duelo prolongado.
  • E. Una vez que el estresante o sus consecuencias terminan, los síntomas no se mantienen más de otros seis meses.

El criterio C es el que más se discute en supervisión. Si la persona cumple los criterios de un episodio depresivo mayor, el diagnóstico es depresión mayor, por evidente que sea el desencadenante. El trastorno adaptativo ocupa el espacio que queda entre la reacción normal y los trastornos con criterios propios: un cuadro que ya es clínico pero que no llega a ser otra cosa.

Subtipos del trastorno de adaptación

Al diagnosticarlo se añade un especificador según los síntomas que predominan:

  • Con estado de ánimo deprimido: tristeza, llanto fácil, desesperanza.
  • Con ansiedad: nerviosismo, preocupación, inquietud o, en niños, miedo a separarse de sus figuras de apego.
  • Con ansiedad mixta y estado de ánimo deprimido: una combinación de los dos.
  • Con alteración de la conducta: conductas que se saltan normas o derechos de otros, como faltar al trabajo, conducir de forma temeraria o meterse en peleas.
  • Con alteración mixta de las emociones y la conducta.
  • No especificado: reacciones que no encajan en los anteriores, como quejas físicas o aislamiento social.

Como señala el Manual MSD, la mayoría de pacientes presenta una mezcla de síntomas, así que los subtipos mixtos son muy habituales en consulta. Además del subtipo se indica la duración: agudo si los síntomas duran menos de seis meses y persistente (o crónico) si duran seis meses o más. Esto último solo es posible cuando el estresante o sus consecuencias se alargan, como en una enfermedad crónica o en un divorcio con un litigio que no termina.

El trastorno de adaptación en la CIE-11

La CIE-11 de la OMS, en vigor desde enero de 2022, lo codifica como 6B43 (en la CIE-10, que todavía aparece en muchos informes, es el F43.2). Su definición pone el foco en dos rasgos. El primero es la preocupación por el estresante o por sus consecuencias, en forma de preocupación excesiva, pensamientos recurrentes y angustiosos o rumiación constante. El segundo es el fracaso en la adaptación, que afecta al funcionamiento personal, familiar, social, académico o laboral. Los síntomas suelen aparecer durante el primer mes tras el estresante y tienden a resolverse en seis meses, salvo que el estresante continúe. La CIE-11 no usa subtipos.

Para el trabajo diario, la descripción de la CIE-11 tiene una ventaja: la rumiación sobre lo ocurrido es justo lo que la mayoría de pacientes cuenta con sus palabras («no puedo dejar de darle vueltas»), así que ayuda a reconocer el cuadro en la primera entrevista.

Qué puede desencadenar un trastorno adaptativo

Casi cualquier cambio que obligue a reorganizar la vida puede hacer de estresante. El Manual MSD distingue entre un hecho aislado, varios hechos seguidos, una etapa vital esperable y una situación que se alarga. En consulta, eso se traduce en cosas como estas:

  • Un despido, una ruptura, un accidente o un robo en casa.
  • Problemas económicos que llegan justo después de una separación.
  • Tener un hijo, jubilarse, irse a estudiar o a trabajar a otra ciudad.
  • Cuidar a un familiar dependiente, un conflicto laboral que dura meses, una enfermedad crónica.

El estresante no tiene por qué ser malo. Un ascenso, una boda o el nacimiento de un hijo también obligan a cambiar rutinas, roles y apoyos, y la entrada de Wikipedia sobre el trastorno de adaptación incluye casarse, tener hijos o jubilarse entre los estresantes habituales. Muchos pacientes, como Andrés, llegan con culpa por estar mal en un momento que «tendría que ser bueno», y ponerle nombre a esa contradicción ya alivia.

La gravedad objetiva del hecho dice menos de lo que parece. Pesan más el significado que tiene para la persona, el número de cambios que se le acumulan a la vez y los recursos con los que cuenta: su red de apoyo, su situación económica, cómo salió de otras crisis y si tiene antecedentes de ansiedad o depresión. Por eso dos hermanos pueden vivir el divorcio de sus padres de formas muy distintas. En quienes han emigrado, la pérdida de la red de apoyo, el idioma y los trámites suman estresantes que desde fuera no siempre se ven.

Síntomas del trastorno de adaptación

Pocas personas llegan diciendo que no se adaptan. Llegan porque no duermen, porque lloran en el coche, porque están de baja o porque su pareja les ha dicho que están irascibles. Los síntomas del trastorno de adaptación más frecuentes se agrupan así:

  • Emocionales. Tristeza, ansiedad, irritabilidad, sensación de estar desbordado, desesperanza.
  • Cognitivos. Rumiación sobre lo ocurrido, preocupación por lo que vendrá, dificultad para concentrarse, sensación de no reconocerse.
  • Físicos. Insomnio, cansancio, tensión muscular, dolor de cabeza o de estómago, palpitaciones.
  • De conducta. Evitar todo lo que recuerda al cambio, aislarse, beber más, impulsividad, discusiones, faltar al trabajo o a clase.
  • En el funcionamiento. El rendimiento cae, las tareas se acumulan y las decisiones se aplazan.

Lo que orienta el diagnóstico es la relación con el tiempo. Si preguntas «¿desde cuándo estás así?», la respuesta suele ser una fecha: «desde que cerraron la tienda», «desde la mudanza». Apúntala tal cual, porque será la referencia para valorar el criterio de los tres meses y, más adelante, el de los seis.

Diagnóstico diferencial: lo que no es un trastorno de adaptación

Buena parte del diagnóstico consiste en descartar otras explicaciones. Estas son las confusiones más habituales.

Una reacción normal al estrés

Después de una pérdida o de un cambio grande, lo esperable es dormir peor, estar triste o preocuparse durante un tiempo. Se habla de trastorno cuando el malestar es claramente desproporcionado o cuando la persona deja de funcionar: no puede trabajar, no sale de casa, descuida a sus hijos o se descuida a sí misma. El DSM-5-TR pide valorar esa desproporción teniendo en cuenta la cultura y el contexto de cada persona, y tiene sentido, porque hay culturas en las que un duelo o una crisis se viven de forma mucho más expresiva sin que eso sea un trastorno.

TEPT y trastorno de estrés agudo

Comparten capítulo, pero el TEPT y el trastorno de estrés agudo exigen haber estado expuesto a la muerte, a lesiones graves o a violencia sexual, reales o como amenaza, y un patrón concreto de síntomas: recuerdos intrusivos, evitación, cambios negativos en el pensamiento y el ánimo e hiperactivación. Alguien puede vivir un suceso traumático y desarrollar un trastorno de adaptación en lugar de un TEPT si no cumple esos criterios. Y al revés: un estresante corriente, como un despido, no da lugar a un TEPT por mucho malestar que provoque. En la guía sobre el abordaje del trastorno de estrés postraumático repasamos sus criterios y su evaluación.

Depresión mayor y ansiedad generalizada

Si se cumplen los criterios de un episodio depresivo mayor o de un trastorno de ansiedad generalizada, el diagnóstico es ese, aunque el desencadenante sea evidente. Y los cuadros cambian: un despido puede empezar como un trastorno de adaptación y convertirse en una depresión a las pocas semanas. Conviene revisar los criterios cada cierto número de sesiones en lugar de dar el diagnóstico por cerrado desde la primera.

Duelo y duelo prolongado

La muerte de un ser querido puede desencadenar un trastorno de adaptación, pero el duelo normal no lo es, por mucho que duela. Desde el DSM-5-TR existe además el trastorno de duelo prolongado, que se valora cuando, al menos doce meses después de la pérdida en adultos (seis en niños y adolescentes), persisten casi a diario el anhelo intenso por la persona fallecida o la preocupación constante por ella, junto a otros síntomas.

Causas médicas y sustancias

Un problema de tiroides, una anemia, los efectos de algunos fármacos como los corticoides o un consumo de alcohol que ha ido a más pueden imitar el cuadro o empeorarlo. Si los síntomas físicos pesan mucho o no encajan con la historia, deriva al médico de familia antes de seguir.

Trastorno de adaptación y riesgo suicida

Que muchos profesionales lo consideren un diagnóstico «leve» es un problema, porque el riesgo no siempre lo es. El Manual MSD recuerda que las personas con trastorno de adaptación tienen más riesgo de intentos de suicidio y de suicidio consumado. Las crisis pueden coincidir con los momentos más duros del estresante, como la carta de despido o la noticia de la separación, y no siempre hay antecedentes que las anuncien.

Pregunta de forma directa por ideas de muerte y de suicidio en la primera sesión y cada vez que el estresante dé un giro. Preguntar no mete la idea en la cabeza de nadie, y no hacerlo puede dejarla sin atender. Si detectas riesgo, sigue un protocolo: en la guía sobre cómo actuar ante una crisis suicida en consulta tienes los pasos. En España, la línea 024 atiende de forma gratuita y confidencial las 24 horas.

Cómo evaluar un trastorno de adaptación en consulta

No hay una prueba que confirme el diagnóstico. La evaluación es clínica, y los cuestionarios sirven para ordenar la información y para medir el cambio. En las primeras sesiones conviene tener claro:

  • La línea temporal: qué pasó, cuándo, qué ha cambiado desde entonces y si el estresante sigue activo. Con fechas.
  • Cómo funcionaba la persona antes: trabajo o estudios, relaciones, sueño, ocio. Sin esa referencia es difícil hablar de deterioro.
  • Qué ha probado ya para afrontarlo y qué le funcionó en otras crisis.
  • Su red de apoyo y las consecuencias prácticas del estresante: dinero, vivienda, papeles, custodia de los hijos.
  • Los antecedentes personales y familiares de salud mental, el consumo de alcohol y otras sustancias y el riesgo suicida.

Entre los instrumentos específicos, el ADNM-20 (Adjustment Disorder – New Module), que tiene una versión breve de ocho ítems (ADNM-8), se construyó sobre el modelo que después adoptó la CIE-11, y el IADQ (International Adjustment Disorder Questionnaire) parte directamente de los criterios de la CIE-11. Los dos exploran la preocupación por el estresante y la falta de adaptación. Para seguir la evolución se usan mucho el PHQ-9 y el GAD-7, que son breves y se pueden repetir cada pocas semanas. Ninguno sustituye a la entrevista.

Tratamiento psicológico del trastorno de adaptación

El tratamiento del trastorno de adaptación persigue dos cosas: aliviar los síntomas y ayudar a la persona a recuperar un funcionamiento parecido al que tenía antes del estresante. Así lo formula MedlinePlus, que añade que la mayoría de profesionales recomienda algún tipo de psicoterapia y que la medicación, si se usa, va junto a ella.

La evidencia es más escasa de lo que cabría esperar para un diagnóstico tan común. El Manual MSD cita una revisión sistemática de 2018 con pocos datos sólidos, en parte porque los pacientes con este diagnóstico son muy distintos entre sí, aunque varias psicoterapias individuales y de grupo muestran beneficios en algunos grupos de pacientes. En la práctica, los tratamientos suelen ser breves y combinan varias de estas herramientas.

Psicoeducación

Explicar qué le pasa y por qué tiene que ver con el cambio, y no con una debilidad suya, reduce la angustia desde la primera sesión. A Andrés le sirvió entender que un ascenso también trae pérdidas: su ciudad, sus amigos de siempre y un puesto que conocía al dedillo.

Resolución de problemas

Muchas personas llegan bloqueadas porque mezclan lo que pueden cambiar con lo que no. Separarlo por escrito y elegir un primer paso concreto para cada problema práctico (llamar al abogado, pedir cita en la gestoría, buscar guardería) les devuelve la sensación de control. Funciona especialmente bien cuando el estresante trae consecuencias prácticas, como un despido o una separación.

Terapia cognitivo-conductual breve

Trabaja la rumiación y la preocupación, recupera actividades que se han dejado (activación conductual), ordena el sueño y entrena formas de afrontamiento. Encaja bien con un formato breve. Un registro sencillo entre sesiones, con lo que la persona piensa, lo que hace y cómo duerme, da material para la siguiente.

Aceptación y compromiso cuando el estresante no se va

Si el estresante no tiene vuelta atrás (una enfermedad crónica, una discapacidad, una separación que el paciente no quería), insistir en cambiarlo solo genera más frustración. La terapia de aceptación y compromiso ayuda a convivir con lo que no se puede modificar y a orientar la vida hacia lo que sigue importando.

Terapia interpersonal, familiar y de grupo

Cuando el estresante es un cambio de rol, como la jubilación, la maternidad o la emigración, la terapia interpersonal ofrece un marco claro: despedirse del rol anterior, explorar el nuevo y reconstruir los apoyos. Con niños y adolescentes la familia casi siempre tiene que participar. Y los grupos de personas en la misma situación (desempleo, divorcio, cuidado de un familiar) reducen el aislamiento.

¿Y la medicación?

No es la primera opción. Según el Manual MSD, la evidencia de los fármacos en este trastorno es limitada, y las benzodiacepinas, que se usan a menudo para el insomnio o la ansiedad, dan resultados irregulares y pueden crear dependencia. Si el paciente ya toma algo o el insomnio no cede, coordínate con su médico.

Trastorno adaptativo y baja laboral

Es habitual que el paciente llegue a consulta ya de baja, con un diagnóstico de trastorno adaptativo puesto por su médico de familia. En España la baja la firma un médico, no el psicólogo. Lo que sí puedes hacer, con el consentimiento del paciente, es informar a su médico de cómo va el tratamiento y preparar con el paciente la vuelta al trabajo. Algunas pautas que ayudan:

  • Hablar de la reincorporación desde el principio, no la semana antes del alta.
  • Mantener rutinas durante la baja (horario de sueño, actividad, contacto con otras personas) para que volver no sea un salto al vacío.
  • Si el estresante está en el propio trabajo, pensar qué se puede negociar: un cambio de tareas o de turno, una mediación, una vuelta progresiva si la empresa lo permite.
  • Ensayar en sesión las conversaciones difíciles con la jefa, con el equipo o con recursos humanos.

Si el problema de fondo es un desgaste que viene de lejos y no un cambio concreto, valora si se trata más bien de estrés laboral crónico, que tiene otro abordaje.

Trastorno de adaptación en niños y adolescentes

En la infancia, los estresantes típicos son el divorcio de los padres, un cambio de colegio o de ciudad, el nacimiento de un hermano, el acoso escolar o la enfermedad de alguien de la familia. Los síntomas de conducta pesan más que en los adultos: rabietas que vuelven, desobediencia, peleas, notas que bajan o dolores de barriga antes de ir al colegio. En adolescentes aparecen además el consumo de alcohol o cannabis, las conductas de riesgo y el encierro en la habitación.

Con menores se trabaja con la familia. Lo recomendable es que los dos progenitores estén informados y, cuando corresponde, que firmen el consentimiento. Si el estresante es el propio conflicto entre ellos, hay que cuidar mucho no quedar en medio. También conviene hablar con el centro escolar, con autorización, porque es donde antes se notan los cambios.

Cuánto dura un trastorno de adaptación

Por definición, los síntomas no deberían mantenerse más de seis meses después de que terminen el estresante o sus consecuencias. MedlinePlus lo resume así: con la ayuda y el apoyo adecuados, la mejoría suele ser rápida, y el problema no suele durar más de seis meses salvo que el estresante continúe. Hay tres situaciones en las que conviene replantear el caso:

  • El estresante terminó hace más de seis meses y los síntomas siguen. Probablemente se trata de otro diagnóstico (depresión, ansiedad generalizada, duelo prolongado) y el tratamiento tiene que cambiar.
  • El estresante sigue activo, como una enfermedad, un litigio o el cuidado de un familiar. El cuadro pasa a ser persistente y el objetivo se desplaza hacia la adaptación a largo plazo.
  • Llegan estresantes nuevos antes de que la persona se haya recuperado del primero, algo muy frecuente en crisis económicas o separaciones.

En adultos el pronóstico suele ser bueno. En adolescentes conviene más seguimiento, porque a veces es la primera señal de un problema que después se consolida. Cuando el paciente está mejor, espacia las sesiones antes del alta y deja acordadas las señales que indicarían que debe volver.

Qué registrar en la historia clínica

Con este diagnóstico, la historia clínica tiene que permitir comprobar los plazos y ver si el cuadro cambia de forma. Suele bastar con esto:

  • El estresante, con su fecha de inicio y, cuando llegue, la de su final. Son las referencias de los criterios de tres y seis meses.
  • El subtipo y la duración (agudo o persistente).
  • Cómo funcionaba la persona antes y cómo funciona ahora: trabajo o estudios, relaciones, sueño, autocuidado.
  • Las puntuaciones de las escalas, si las usas, con su fecha.
  • El riesgo suicida en cada valoración, aunque sea para dejar constancia de que se preguntó y no lo había.
  • La situación laboral (baja, reincorporación) y lo hablado con el médico de familia o con el colegio, con la autorización correspondiente.
  • Los cambios de diagnóstico: si el cuadro pasa a ser una depresión mayor, cuándo y por qué.

Si todavía llevas todo esto en papel o repartido en documentos sueltos, en la página sobre la historia clínica digital para psicólogos explicamos cómo tenerlo ordenado y protegido en un solo sitio.

Seguir un trastorno de adaptación con My Psico Agenda

My Psico Agenda no diagnostica ni decide el tratamiento. Te quita trabajo en lo que rodea a las sesiones y te ayuda a no perder de vista los plazos, que en el trastorno de adaptación forman parte del propio diagnóstico.

  • En Ajustes ▸ General, el apartado «Campos adicionales de las fichas de pacientes» te deja crear campos propios. Para estos casos sirven un campo de fecha para el inicio del estresante, una lista desplegable con el subtipo y un texto largo para describir lo ocurrido. Salen en los «Datos adicionales» de todas las fichas, así que es mejor dejarlos como opcionales.
  • Cada cita puede durar 30, 45 o 60 minutos, 1 h 30 min o 2 horas, y al elegir al paciente ves qué número de sesión es, «(Cita número 6)». Viene bien en tratamientos breves con un número de sesiones pactado.
  • Las estadísticas de cada paciente muestran las sesiones que lleva, su asistencia, la cadencia media entre citas y los días que han pasado desde la última. Sirven para espaciar las sesiones con criterio al final del tratamiento y para darte cuenta de quién ha dejado de venir.
  • Los recordatorios por WhatsApp salen 24 horas antes con botones para confirmar o anular. Cada paciente tiene además su propio espacio para pedir o anular citas dentro de tu horario laboral, y si anula desde ahí, esa hora aparece libre en tu agenda.
  • En la historia clínica escribes la nota de cada sesión, y en los archivos del paciente guardas escalas o informes (el espacio disponible depende del plan). Si su médico necesita información, descargas la ficha en PDF eligiendo qué datos incluir y, si quieres, con una tabla de las terapias realizadas.
  • Con menores, la ficha recoge a la madre y al padre, y el consentimiento informado se firma en la app o a distancia con un enlace.

La aplicación no hace videollamadas: si la sesión es online, anotas en la cita el enlace de la herramienta que uses. Tienes el resumen de todo en la página del software para psicólogos. Los planes individuales empiezan en 4,99 €/mes + IVA (plan Semilla, con hasta 25 pacientes) y los de centro en 124,99 €/mes + IVA. Sin permanencia: cancelas cuando quieras.

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Preguntas frecuentes

Las dudas que más se repiten en consulta y en supervisión sobre el trastorno de adaptación.

¿Qué es un trastorno de adaptación?

Es una reacción emocional o de conducta ante un estresante identificable (un despido, una separación, una mudanza, una enfermedad) que aparece en los tres meses siguientes, resulta desproporcionada o deteriora el funcionamiento de la persona y no cumple los criterios de otro trastorno mental. El DSM-5-TR lo incluye entre los trastornos relacionados con traumas y factores de estrés, y la CIE-11 lo codifica como 6B43.

¿Qué tipos de trastorno de adaptación hay?

El DSM-5-TR distingue seis subtipos según lo que predomina: con estado de ánimo deprimido, con ansiedad, con ansiedad mixta y estado de ánimo deprimido, con alteración de la conducta, con alteración mixta de las emociones y la conducta, y no especificado. Además se indica si es agudo (menos de seis meses) o persistente. La CIE-11 no usa subtipos.

¿Cuánto dura un trastorno de adaptación?

Los síntomas empiezan en los tres meses siguientes al estresante y no deberían mantenerse más de seis meses después de que este y sus consecuencias terminen. Si el estresante continúa, el cuadro puede alargarse y se habla de un trastorno de adaptación persistente. Si los síntomas siguen seis meses después de que todo haya terminado, hay que revisar el diagnóstico.

¿En qué se diferencia un trastorno de adaptación de una depresión?

En los criterios. Si la persona cumple los de un episodio depresivo mayor, el diagnóstico es depresión aunque haya un desencadenante claro. El trastorno de adaptación con estado de ánimo deprimido describe un malestar clínicamente significativo que no llega a esos criterios. Un mismo caso puede pasar de uno a otro, por eso conviene revisar el diagnóstico durante el tratamiento.

¿Un cambio positivo puede provocar un trastorno de adaptación?

Sí. Un ascenso, una boda, el nacimiento de un hijo o la jubilación también obligan a reorganizar rutinas, roles y apoyos. Lo que cuenta es lo que le cuesta a la persona adaptarse, sea el cambio bueno o malo. Muchos pacientes llegan con culpa por estar mal en un momento que se supone feliz.

¿Se puede estar de baja por un trastorno adaptativo?

Sí, si los síntomas impiden trabajar. En España la baja la firma un médico, normalmente el de atención primaria, y no el psicólogo. Con el consentimiento del paciente, el psicólogo puede informar al médico de cómo va el tratamiento y preparar con el paciente la vuelta al trabajo desde las primeras sesiones.

¿Cuál es el tratamiento del trastorno de adaptación?

La psicoterapia breve es la primera opción: psicoeducación, resolución de problemas, terapia cognitivo-conductual, terapia de aceptación y compromiso o terapia interpersonal según el caso, y trabajo con la familia cuando se trata de niños o adolescentes. La medicación no es de primera elección y su evidencia es limitada; si se usa, va acompañada de psicoterapia y coordinada con el médico.

¿Un trastorno de adaptación puede ser grave?

Sí. Aunque a menudo se considere un diagnóstico leve, se asocia a un malestar y una discapacidad importantes y a un mayor riesgo de intentos de suicidio. Hay que preguntar de forma directa por las ideas de muerte y de suicidio y actuar con un protocolo si aparecen. En España, la línea 024 atiende las 24 horas de forma gratuita y confidencial.