Lucía tiene 15 años y llega a la primera sesión con su madre y una coleta alta que tapa justo la coronilla. Hace un año empezó a arrancarse el pelo mientras estudiaba: un pelo, luego otro, casi sin darse cuenta. Ahora también le pasa en la cama, con el móvil, y a veces lo hace a propósito, buscando los pelos más gruesos porque «se notan distintos». Este verano no ha querido ir a la piscina ni una vez. Su madre ha probado a reñirla, a esconderle las pinzas y a ponerle un gorro para dormir, y en casa el tema ha acabado en una discusión diaria. Lo que le pasa a Lucía tiene nombre, tricotilomanía, y tiene tratamiento.

Esta guía está pensada para psicólogas y psicólogos que se la encuentran en consulta, y también para pacientes y familias que buscan información fiable. Repasa qué es la tricotilomanía, cómo se reconoce, por qué aparece, cómo se evalúa y qué tratamiento tiene más respaldo, con pautas concretas para el día a día.

Qué es la tricotilomanía

La tricotilomanía es un trastorno en el que la persona se arranca el pelo una y otra vez, hasta el punto de que se nota la pérdida. El diccionario de psicología de la APA la define como el arrancamiento persistente de pelo de cualquier parte del cuerpo en la que crezca, a menudo con una pérdida visible, y añade que es frecuente notar una tensión creciente antes y alivio o satisfacción al terminar. También se la conoce como trastorno de arrancarse el pelo.

Durante años se clasificó entre los trastornos del control de los impulsos. Desde el DSM-5 está en el capítulo del trastorno obsesivo-compulsivo y trastornos relacionados, junto al TOC, el trastorno dismórfico corporal y el trastorno de excoriación (rascarse y arrancarse la piel). La CIE-11 la incluye entre los trastornos por comportamientos repetitivos centrados en el cuerpo, con el código 6B25.0. En la bibliografía en inglés verás este grupo con la sigla BFRB (body-focused repetitive behaviors).

Según el DSM-5-TR, para hablar de tricotilomanía tienen que darse cinco condiciones:

  1. Arrancarse el pelo de forma recurrente, con la consiguiente pérdida de pelo.
  2. Haber intentado varias veces reducirlo o dejar de hacerlo.
  3. Que cause un malestar importante o afecte a los estudios, al trabajo, a las relaciones o a otras áreas de la vida.
  4. Que no se deba a otra afección médica, como una enfermedad de la piel.
  5. Que no se explique mejor por otro trastorno mental; por ejemplo, arrancarse el pelo para corregir un defecto que solo ve la propia persona, como ocurre en el trastorno dismórfico corporal.
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El nombre confunde. De «manía» tiene poco: no es una costumbre que se quite con fuerza de voluntad ni una forma de llamar la atención, y casi nadie la elige. Explicárselo así al paciente y a su familia quita mucha culpa desde la primera sesión.

Síntomas de la tricotilomanía

El síntoma central es fácil de describir: la persona se arranca el pelo de forma repetida. Lo que lo rodea es lo que da las pistas en consulta.

  • Las zonas. La más habitual es el cuero cabelludo, sobre todo la coronilla y los laterales, pero también las cejas y las pestañas, la barba, el vello del cuerpo o la zona púbica.
  • Claros de forma irregular, a menudo más marcados en un lado de la cabeza que en el otro. El pelo que vuelve a salir en esas zonas suele notarse áspero, como cerdas.
  • Rituales. Elegir un pelo concreto por su grosor o su textura, mirar la raíz, pasarlo entre los dedos o por los labios, mordisquearlo.
  • Tensión antes y alivio después. Son frecuentes, aunque no todo el mundo los nota.
  • Esconderlo. Coletas y moños que tapan los claros, gorros, maquillaje en las cejas, pestañas postizas o pelucas. Y evitar lo que podría delatarlo: la peluquería, la piscina, el viento, la intimidad.
  • Vergüenza, a veces mucha. MedlinePlus señala que la mayoría de las personas con tricotilomanía tienen también tristeza, ansiedad o una mala imagen de sí mismas.

Arrancarse el pelo sin darse cuenta o a propósito

La investigación distingue dos estilos. En el automático, la persona se arranca el pelo mientras hace otra cosa, casi siempre algo pasivo: estudiar, leer, ver una serie, conducir o mirar el móvil en la cama. Se da cuenta después, cuando ve los pelos sobre la mesa. En el focalizado sí es consciente: nota unas ganas intensas o una emoción (ansiedad, aburrimiento, frustración) y se arranca el pelo para calmarla, a veces con un ritual muy preciso.

La mayoría combina los dos, como Lucía. Distinguirlos importa porque piden intervenciones diferentes: en el automático pesa sobre todo el trabajo de conciencia; en el focalizado, además, hay que trabajar las ganas y la emoción que hay detrás.

Tricofagia: cuando el pelo se come

Algunas personas con tricotilomanía muerden el pelo o se lo comen, lo que se conoce como tricofagia. No es un detalle menor. El pelo no se digiere y puede formar en el estómago una bola, el tricobezoar, que llegue a obstruir el intestino. MedlinePlus advierte de este riesgo y también del de desnutrición. Conviene preguntarlo siempre, con naturalidad, porque casi nadie lo cuenta si no se le pregunta. Dolor abdominal, náuseas, vómitos o pérdida de peso en alguien que se come el pelo son motivo para ir al médico sin esperar.

Causas de la tricotilomanía

No se conoce una causa única, y las fuentes médicas lo reconocen sin rodeos. Lo que se sabe apunta a varios factores que se suman:

  • Biológicos y familiares. Es más frecuente en familias en las que alguien tiene tricotilomanía o TOC, y los cambios hormonales de la pubertad parecen influir en su aparición.
  • Regulación emocional. Arrancarse el pelo baja la tensión, el aburrimiento o la ansiedad a muy corto plazo. Ese alivio inmediato es justo lo que mantiene la conducta.
  • Lo sensorial. La textura del pelo, la sensación de la raíz al salir, el pelo áspero que «no está bien»: para muchas personas, esa parte resulta agradable o necesaria.
  • El hábito. Con la repetición se automatiza y se asocia a lugares (la cama, el escritorio), a posturas (la mano apoyada en la cabeza) y a actividades (estudiar, conducir), que acaban funcionando como disparadores.

Lo que no es también conviene decirlo. No es una autolesión en el sentido de querer hacerse daño, aunque a veces se confunda, y no tiene nada que ver con la vanidad ni con «no tener fuerza de voluntad».

¿Es frecuente? A qué edad empieza

Es más frecuente de lo que parece, en parte porque se esconde. El DSM-5-TR estima que, en un año, la tienen entre el 1 % y el 2 % de los adultos y adolescentes, y MedlinePlus eleva la estimación hasta el 4 % de la población. En la edad adulta es mucho más frecuente en mujeres; en la infancia, niños y niñas se reparten de forma más igualada.

Lo habitual es que empiece alrededor de la pubertad, entre los 11 y los 13 años según MedlinePlus. Si no se trata, suele seguir un curso crónico, con temporadas mejores y peores que coinciden con épocas de estrés: exámenes, un cambio de colegio, una ruptura, un trabajo nuevo.

Tricotilomanía en niños y adolescentes

En los niños pequeños, arrancarse el pelo puede ser pasajero. MedlinePlus indica que la tricotilomanía en niños menores de 6 años puede desaparecer sin tratamiento. A esas edades se parece más a chuparse el dedo, un gesto para calmarse o para dormirse, que al cuadro de la adolescencia. Aun así, merece la pena comentarlo con el pediatra.

En la adolescencia es distinto. Si empieza a partir de los 10 u 11 años, suele mantenerse si no se trata, y llega justo cuando la imagen y la mirada de los demás más pesan. Con adolescentes ayuda:

  • Ver al chico o a la chica a solas durante una parte de la sesión. Muchos no hablan del ritual ni de si se comen el pelo delante de sus padres.
  • Pactar desde el principio qué se comparte con la familia y qué no.
  • Implicar a los padres como apoyo del tratamiento, no como vigilantes.
  • Hablar con el instituto solo si el adolescente está de acuerdo, y para cosas concretas, como poder llevar un objeto en las manos en clase.

En nuestra guía de terapia con adolescentes tienes más sobre el encuadre y la confidencialidad a estas edades.

No toda caída de pelo es tricotilomanía

Antes de hablar de tricotilomanía hay que descartar que el pelo se caiga por otra causa. La alopecia areata, las tiñas del cuero cabelludo y otras enfermedades de la piel pueden dar calvas parecidas, así que, si hay dudas, la valoración de dermatología forma parte del proceso. El dermatólogo reconoce en la exploración los pelos rotos a distintas alturas que deja el arrancamiento y, en algunos casos, puede pedir una biopsia.

En el terreno psicológico, conviene distinguirla de:

  • El TOC. En el trastorno obsesivo-compulsivo, arrancarse el pelo sería una compulsión para neutralizar una obsesión (por ejemplo, que todo quede simétrico). En la tricotilomanía no hay una obsesión previa que neutralizar.
  • El trastorno dismórfico corporal, cuando el pelo se arranca para corregir un defecto que solo ve la persona, como unas cejas que le parecen desiguales.
  • Las autolesiones, en las que la intención es hacerse daño o castigarse.
  • Los movimientos estereotipados de algunos trastornos del neurodesarrollo y, mucho más raro, ideas delirantes relacionadas con el pelo.

Además, la tricotilomanía rara vez viene sola: es frecuente que coexista con el trastorno de excoriación, con la depresión o con trastornos de ansiedad, y todo eso hay que explorarlo.

Cómo se evalúa la tricotilomanía en consulta

La entrevista es la herramienta principal. Algunas preguntas que abren el tema sin juzgar:

  • «¿En qué momentos del día te pasa más? ¿Dónde estás y qué estás haciendo?»
  • «¿Te das cuenta mientras lo haces o después?»
  • «¿Qué notas justo antes? ¿Y justo después?»
  • «¿Cómo eliges el pelo? ¿Haces algo con él cuando lo tienes en la mano?»
  • «¿Qué has probado para dejarlo y qué pasó?»
  • «¿Qué has dejado de hacer por esto?»

Con las respuestas se hace un análisis funcional: los antecedentes (lugares, horas, actividades, emociones, posturas), la conducta (zonas, si usa los dedos o pinzas, el ritual) y las consecuencias (alivio, sensación agradable y, después, vergüenza). Ese mapa es el que luego guía el tratamiento.

El autorregistro de episodios

Desde la primera semana conviene pedir un autorregistro: cada episodio con la hora, el lugar, lo que estaba haciendo, cómo se sentía, la intensidad de las ganas de 0 a 10, cuánto duró o cuántos pelos fueron y qué hizo después. Al principio cuesta, sobre todo a quien se arranca el pelo sin darse cuenta, y eso ya es información. Registrar suele reducir un poco la conducta por sí solo, porque obliga a darse cuenta. En nuestra guía de tareas para casa en terapia tienes ideas para que los registros se hagan de verdad y no se queden en el cajón.

Escalas para medir la tricotilomanía

Para seguir la evolución con números:

  • MGH-HPS (Massachusetts General Hospital Hairpulling Scale): siete preguntas que responde el propio paciente sobre la última semana (las ganas, cuánto se arranca el pelo, cuánto lo controla y el malestar que le produce). Cada una va de 0 a 4, así que el total va de 0 a 28.
  • NIMH-TSS, la escala de gravedad de la tricotilomanía del NIMH, que puntúa el profesional en la entrevista.
  • MIST-A, que ayuda a distinguir el estilo automático del focalizado en adultos.

Pasar la MGH-HPS al principio y cada pocas semanas, junto al autorregistro, da una línea base clara. Antes de usar cualquier escala, comprueba si existe una versión validada en tu idioma y cuáles son sus condiciones de uso. Las fotos de las zonas afectadas, hechas siempre con consentimiento y guardadas con la historia clínica, también ayudan: a veces el paciente no se cree que el pelo está volviendo a crecer hasta que lo ve.

Tratamiento de la tricotilomanía

El tratamiento de la tricotilomanía con más respaldo es psicológico, y en concreto una técnica de la terapia cognitivo-conductual: el entrenamiento en inversión del hábito. El sistema público de salud británico (NHS) lo propone como el tratamiento habitual, y los fármacos quedan en un segundo plano.

Entrenamiento en inversión del hábito

Lo describieron Azrin y Nunn en 1973 para tics y hábitos nerviosos, y sigue siendo la base. Tiene tres piezas:

  1. Entrenamiento en conciencia. Describir la conducta con todo detalle, detectar las señales que la preceden (la mano que sube, el dedo que busca el pelo áspero, las ganas) y registrar cada episodio. Para quien se arranca el pelo sin darse cuenta, esta parte es medio tratamiento.
  2. Respuesta incompatible. Cuando aparecen las ganas o las señales, hacer durante al menos un minuto, o hasta que las ganas bajen, algo que impida físicamente arrancarse el pelo: cerrar el puño con fuerza, apretar una pelota antiestrés, entrelazar los dedos, sentarse sobre las manos. Tiene que ser discreto, para poder usarlo en clase o en el trabajo sin que nadie lo note.
  3. Apoyo social. Una persona de confianza que refuerza los avances y, si se ha pactado, avisa con suavidad cuando ve la mano en el pelo. La clave está en el pacto: un aviso acordado ayuda; un reproche, no.

Se completa con control de estímulos, es decir, poner barreras en las situaciones de riesgo: tiritas en las yemas de los dedos al estudiar, un gorro o un pañuelo al ver series, el pelo corto o recogido, sacar las pinzas del baño, tapar el espejo de aumento o bajar la luz del baño, donde muchas personas se pasan el rato mirándose de cerca.

El modelo ComB: un tratamiento a medida

Como cada persona se arranca el pelo por motivos distintos, en 1997 Mansueto y su equipo propusieron el modelo ComB (comprehensive behavioral model). Ordena los disparadores en cinco áreas y busca una respuesta para cada una:

  • Sensorial: la textura, el pelo áspero. Un objeto con un tacto parecido, como una piedra lisa o un cepillo suave, puede cubrir esa necesidad.
  • Cognitiva: pensamientos como «solo uno», «este pelo está mal» o «ya da igual», que se trabajan con reestructuración.
  • Afectiva: ansiedad, aburrimiento, frustración. Aquí entran la regulación emocional y la respiración.
  • Motora: la mano en la cabeza, la postura al estudiar. Cambiar la postura y tener las manos ocupadas.
  • Lugar: la cama, el baño, el coche. Cambiar el escenario o poner barreras ahí.

En inglés se resume con la sigla SCAMP, por las iniciales de las cinco áreas.

Aceptación y regulación emocional

Cuando las ganas son muy intensas o van ligadas a emociones difíciles, se han probado versiones de la inversión del hábito enriquecidas con la terapia de aceptación y compromiso o con habilidades de la terapia dialéctica conductual, con buenos resultados en estudios pequeños. La idea es aprender a notar las ganas sin obedecerlas, como una ola que sube y baja sola, y tener otras formas de manejar la emoción que no pasen por el pelo.

¿Y la medicación?

No hay ningún fármaco aprobado específicamente para la tricotilomanía. La revisión Cochrane sobre fármacos para la tricotilomanía reunió ocho ensayos con 204 adultos y concluyó que ningún tipo de medicamento demuestra una eficacia definitiva. Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina no mostraron un efecto claro, y solo hubo indicios preliminares con clomipramina, N-acetilcisteína y olanzapina, cada uno a partir de un único ensayo con muy pocos participantes. En la práctica, la medicación la valora psiquiatría, sobre todo cuando hay al mismo tiempo depresión, ansiedad o TOC.

Recaídas: contar con ellas

Las ganas pueden volver meses después, sobre todo en épocas de estrés. Conviene prepararlo antes del alta: identificar las situaciones de más riesgo, tener el plan a mano (barreras, respuesta incompatible, persona de apoyo) y distinguir un tropiezo de una recaída. Arrancarse el pelo una tarde de exámenes no borra meses de trabajo. Espaciar las últimas sesiones, en lugar de terminar de golpe, ayuda a consolidar lo aprendido.

Si tu hijo o tu hija se arranca el pelo

Ver a un hijo arrancarse el pelo angustia mucho, y la reacción natural es intentar que pare como sea. Estas pautas suelen ayudar más que la vigilancia:

  • No le riñas ni le castigues. Aumenta la vergüenza y la conducta se esconde, que es justo lo contrario de lo que necesita el tratamiento.
  • No vigiles cada gesto. Si quiere ayuda, acordad una señal discreta para cuando veas la mano en el pelo.
  • Ponle nombre. Hablar de la tricotilomanía con naturalidad le quita peso al secreto.
  • Pide cita con el pediatra o el médico de familia para descartar otras causas de la caída del pelo, y con una psicóloga o un psicólogo con experiencia en estos problemas.
  • Pregunta, sin dramatizar, si se come el pelo. Es la única parte que puede tener consecuencias físicas serias.
  • Valora el esfuerzo y no solo el pelo que vuelve a crecer, que tarda meses en notarse.

Cómo dejar de arrancarse el pelo: pautas para el día a día

Si te has reconocido en este artículo, estas estrategias, muchas de ellas recomendadas por personas que han pasado por lo mismo, suelen ayudar mientras empiezas un tratamiento:

  • Apunta cuándo te pasa durante una semana: dónde estabas, qué hacías y cómo te sentías. Casi siempre aparecen dos o tres situaciones que se repiten.
  • Pon barreras en esos momentos: tiritas en los dedos, un gorro, el pelo recogido o algo en las manos.
  • Ten las manos ocupadas con una pelota antiestrés, plastilina o un objeto con textura.
  • Cambia el escenario. Estudia en la mesa y no en la cama, y deja el móvil fuera de la habitación por la noche.
  • Cuídate el pelo. Si lo que te engancha es el pelo áspero o diferente, cortarlo o usar acondicionador le quita parte de su atractivo.
  • Cuéntaselo a alguien de confianza. Esconderlo suele aumentar la ansiedad, y la ansiedad, las ganas.
  • Trátate bien en los tropiezos. Un mal día no significa que hayas vuelto al principio.

Cuándo pedir ayuda profesional

Conviene consultar con un profesional de la psicología cuando arrancarse el pelo:

  • Deja claros visibles o hace que pierdas cejas o pestañas.
  • Te lleva a evitar la piscina, la peluquería, las fotos o la intimidad.
  • Te ocupa tiempo cada día o no consigues reducirlo por mucho que lo intentes.
  • Viene con tristeza, ansiedad o una vergüenza que te aísla.
  • Va acompañado de comerte el pelo, aunque sea a veces.
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Si te comes el pelo y tienes dolor de barriga, náuseas o vómitos, ve al médico. Y si tienes pensamientos de muerte o de hacerte daño, no esperes: en España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible las 24 horas. Si hay un peligro inmediato, llama al 112.

Cómo documentar el seguimiento de la tricotilomanía

El progreso en la tricotilomanía es lento y va a rachas, y el paciente tiende a fijarse en los días malos. Por eso conviene dejar por escrito:

  • La puntuación de la MGH-HPS al inicio y en cada revisión, con la fecha.
  • El resumen semanal del autorregistro: número de episodios, situaciones de riesgo e intensidad de las ganas.
  • El mapa ComB de cada paciente y qué respuestas incompatibles y barreras le funcionan.
  • Las fotos de las zonas afectadas, si se han hecho, con su fecha.
  • El estado de ánimo, la ansiedad, el sueño y si hay tricofagia.
  • En menores, lo acordado con la familia y, si lo hay, con el centro educativo.

Releer todo eso con el paciente a los tres o cuatro meses suele ser una intervención en sí misma: la mejoría que no ve en el espejo la ve en los números.

La tricotilomanía en tu consulta con My Psico Agenda

My Psico Agenda no evalúa ni trata a nadie: eso lo haces tú. Lo que hace es ordenar todo lo que rodea al tratamiento, que con la tricotilomanía no es poco:

  • La ficha del menor, con sus tutores. Si el paciente es menor, marcas «¿Paciente menor?» y la ficha guarda al «Tutor 1» y, si lo hay, al «Tutor 2», y a nombre de quién van las facturas. El consentimiento informado de menores pueden firmarlo los tutores, cada uno con su enlace o en tu propio dispositivo.
  • La historia clínica, sesión a sesión. En las notas privadas de cada sesión apuntas la puntuación de la MGH-HPS, el mapa ComB y lo que le va funcionando, y ves la evolución sin rebuscar entre papeles.
  • Tus propios campos en la ficha. En «Datos adicionales» puedes añadir campos a tu medida, como «Zonas» con selección múltiple (cuero cabelludo, cejas, pestañas) o «MGH-HPS inicial» de tipo número. Si trabajas en un centro, el centro puede añadir además sus propios campos, comunes a las fichas de todas sus terapeutas.
  • El autorregistro, en manos del paciente. Subes la plantilla a «Archivos del paciente». Se sube como «Oculto»; cuando la pasas a «Visible», el paciente la encuentra en su espacio, en la pestaña «Documentos», y en la ficha ves «Visto» con la fecha en que la abrió. Las fotos de seguimiento las guardas en la misma ficha, sin que el paciente las vea.
  • Una hora fija cada semana. Con la «Terapia recurrente» reservas el hueco del paciente, y le llega un recordatorio por WhatsApp 24 horas antes con botones para confirmar o anular la cita.
  • La constancia, en números. En las estadísticas de cada paciente ves «Total sesiones», «Asistencia» y «Cadencia», muy útil cuando empiezas a espaciar las sesiones al final del tratamiento.

Si estás empezando, el plan Semilla cuesta 4,99 €/mes + IVA: hasta 15 pacientes, historia clínica con notas privadas por sesión y 20 recordatorios automáticos por WhatsApp al mes. Cuando la consulta crezca tienes el Júnior (19,99 €) y el Sénior (29,99 €), y para centros, planes desde 99,99 €/mes + IVA. Todos se prueban 1 mes gratis, sin tarjeta y sin permanencia. En nuestra página de software para psicólogos tienes todo lo que incluye, y si trabajas sobre todo con niños y adolescentes, te interesará lo que contamos sobre el software para psicólogos infantiles.

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Preguntas frecuentes

Las dudas que más se repiten sobre la tricotilomanía, en consulta y fuera de ella.

¿Qué es la tricotilomanía?

Es un trastorno en el que la persona se arranca el pelo de forma repetida, del cuero cabelludo, las cejas, las pestañas u otras zonas, hasta que se nota la pérdida, y no consigue dejar de hacerlo aunque lo intenta. Desde el DSM-5 está en el capítulo del trastorno obsesivo-compulsivo y trastornos relacionados, y la CIE-11 la incluye entre los comportamientos repetitivos centrados en el cuerpo.

¿Por qué me arranco el pelo cuando estoy nervioso o aburrido?

Porque arrancarse el pelo baja la tensión, el aburrimiento o la ansiedad durante un momento, y ese alivio inmediato refuerza la conducta. Con la repetición se convierte en un hábito que aparece casi solo en ciertas situaciones, como estudiar, ver la televisión o estar en la cama, a veces sin que te des cuenta.

¿La tricotilomanía tiene cura?

Muchas personas consiguen reducir mucho la conducta o dejarla con tratamiento psicológico, sobre todo con el entrenamiento en inversión del hábito. Si no se trata, suele ser crónica y va a rachas, y las ganas pueden volver en épocas de estrés, por eso el tratamiento incluye un plan para las recaídas. En niños menores de 6 años puede desaparecer sin tratamiento.

¿Cuál es el mejor tratamiento para la tricotilomanía?

El que tiene más respaldo es el entrenamiento en inversión del hábito, una técnica de la terapia cognitivo-conductual que combina entrenamiento en conciencia, una respuesta incompatible con arrancarse el pelo y el apoyo de una persona de confianza, junto con barreras en las situaciones de riesgo. Ningún fármaco ha demostrado una eficacia definitiva.

¿El pelo vuelve a crecer después de la tricotilomanía?

En la mayoría de los casos sí, cuando se deja de arrancar, aunque tarda meses en notarse y al principio puede salir más áspero. Si se ha arrancado durante muchos años en la misma zona, el folículo puede dañarse y el pelo quedar más fino o no volver a salir del todo, así que conviene que lo valore un dermatólogo.

¿Es normal que un niño se arranque el pelo?

En niños pequeños puede ser un gesto para calmarse o para dormirse, parecido a chuparse el dedo, y a menudo desaparece solo. Si empieza alrededor de la pubertad, deja claros o se mantiene durante meses, conviene consultar con el pediatra y con un psicólogo, sin reñir ni castigar al niño.

¿Qué diferencia hay entre la tricotilomanía y el TOC?

Las dos están en el mismo capítulo del DSM-5-TR y a veces coinciden en la misma persona. En el TOC, la conducta repetitiva es una compulsión para neutralizar una obsesión o una angustia concreta; en la tricotilomanía no hay una obsesión previa, sino unas ganas, una sensación o un hábito que se calma arrancándose el pelo.